¿Por qué llamo “Peronia” a Peronia?

Esta es una nota que considero me debía a mí mismo y a mis lectores.

El origen de esto: mucha gente, en distintas oportunidades, y a través de distintos medios, me ha cuestionado el uso del término ‘Peronia’. Un término que, según entiendo, puede sonar despectivo e inapropiado para muchos.

El asunto es que, si bien, en principio, comparto esa apreciación, lo cierto es que cuando uno comienza a hilar fino se da cuenta de que, en realidad, el término tiene muchísima lógica y se convierte en un símbolo que realmente calza justo en la realidad de hoy.

Así, en mi opinión, el término no es despectivo, sino más bien realistamente distópico. Una sutil diferencia…

Te voy a dar mis motivos de manera resumida, en formato “nota”.

Empecemos…

1) La oposición al peronismo que gobernó en las últimas décadas no es más que “peronismo descafeinado”.

Si nos ponemos a diseccionar el mindset de la principal oposición al peronismo que tuvo lugar a nivel ejecutivo en las últimas décadas ―la UCR y Macri―, lo cierto es que encontraremos que su núcleo no difiere mucho del que tiene el peronismo.

UCR:

a) La UCR y el PJ coinciden en ponerle estrictos límites al mercado. Es una obviedad mencionar que ambos partidos lo miran con bastante desconfianza.

Esto incluye tanto a los mercados financieros, como a temas vinculados al proteccionismo.

Alfonsín (Mirar primeros 30’)/ Kirchner.

b) Ninguno de dichos partidos hace hincapié en la disciplina fiscal y monetaria. Parece ser un tema de segundo orden para ellos. Solo lo mencionan cuando realmente las papas están quemando. Si la economía crece y no hay demasiado ruido, generalmente es algo que queda totalmente fuera de agenda hasta que es demasiado tarde (ver Kirchner, Menem, Perón…).

c) También coinciden en la importancia del “consumo”, el “mercado interno” y el rol del Estado como promotor de la actividad económica.

Kicillof / CFK / Alfonsín.

d) Son fuerzas que centran su discurso en lograr mejoras en la distribución del ingreso “poniéndole plata en el bolsillo a la gente”.

Lavagna / Massa / Duhalde hablando bien de Alfonsín (es que son parecidos en la concepción económica) / Rossi.

e) También tienen en común el uso y abuso de mecanismos populistas e ineficientes como controles de precios o subsidios. Mirá el siguiente cuadro del amigo y colega Iván Carrino. Faltan un montón más, como Precios Cuidados, versión CFK y Macri, entre otros. Pero sirve para ver que es moneda corriente.

Perón / Alfonsinismo

→ Si la UCR es similar al PJ, pero con formas más suaves, apelando más al civismo y la transparencia que al caudillismo “pejotista”, entonces el radicalismo no es más que un peronismo descafeinado.

Si nos centramos en el “Fondo” de las cosas, o sea, lo que está detrás de las formas, simplificando estas últimas, obtenemos un producto similar, solo matizado por las formas distintas, previamente descriptas.

Esta tesis, a mi juicio, resulta altamente obvia, no hace falta más que repasar las medidas que ambos partidos han tomado a lo largo de su historia. Resultan muy similares en su core. Por eso hablamos de un “Peronismo descafeinado” para el caso del radicalismo.

Macri (Neoradical):

a) Incluyó a Pichetto en sus filas, hombre fundamental de la “bancada peronista”,

b) Apeló a “Precios Cuidados”

c) En su coalición “Cambiemos” incluyó a la UCR.

d) Su ídolo y referente ejecutivo es Frondizi. Hombre radical y desarrollista.

e) El plan monetario de Sandleris tuvo la bendición de Machinea, economista afín al radicalismo. Uno de los responsables de “la híper” a fines de los ‘80.

f) Apeló a un “Plan Blindaje 2.0” con el FMI en 2018, igualito al de De La Rúa.

g) Discurso carente de audacia, cual radical.

h) Cuando la situación macroeconómica se complicó en 2019, apeló a un revival del cepo cambiario.

i) En sus filas también había referentes que se declararon admiradores de Eva y/o del J. D. Perón (Vidal, Santilli, etc).

Como vemos, Mauricio Macri tiene muchísimo en común con el PJ, y más todavía con la UCR, que, a su vez -y como vimos- no es más que un PJ descafeinado.

Entonces, si pasamos en limpio y utilizamos nociones lógico-matemáticas, la conclusión resulta muy simple.

El término Peronia les calza a todos, a pesar de las diferencias. Diferencias que son más de forma que de fondo.

Además, resulta apropiado que el PJ se “adueñe” del término común, dado que es, por lejos, el partido más popular entre todos estos varietales de populismo.

2) El mindset reinante en los medios y la sociedad, con o sin Macri, es mayormente peronista

Basta con encender la televisión y mirar cualquier programa con algún contenido político. En más de la mitad de los casos, se menciona en algún momento al General Perón y/o a ideas que resultan afines a las que él supo o pretendió instaurar.

Es tan avasallante esto, que incluso durante el período gobernado por la coalición opuesta gobernando Nación, CABA y Provincia de Buenos Aires, así y todo, el ideario peronista siguió más que vigente.

Recordemos que, desde el retorno a la democracia, hasta ahora ningún candidato no-peronista pudo terminar su mandato en tiempo y forma. Lo de Macri fue una triste proeza.

Dejando eso de lado, y volviendo a lo anterior, en este apartado vamos a incluir cuestiones de distinta naturaleza. Con esto me refiero a un universo de cuestiones que van desde la supuesta relevancia de personajes peronistas -y, por ende, nefastos- tipo Julio Bárbaro, hasta frases como “hay que ponerle plata en el bolsillo a la gente” que uno escucha absolutamente todo el tiempo, sobre todo en medios populares. Cabe destacar que esta última es una “frase bandera” de los simpatizantes del peronismo y el progresismo en general que deja entrever el mindset afín a la planificación centralizada modo “vanilla”, pero con una bajada pragmática y hasta naturalistamente criolla.

Este punto sé que es híper difuso, pero a su vez, está por todos lados, manifestándose de manera constante aunque heterogénea.

3) El más liberal de las últimas décadas -Menem- era del PJ, y tampoco era tan liberal

Vamos de lo más a lo menos obvio: en Argentina, desde hace casi un siglo que no gobierna un dirigente procedente de un partido indisputablemente liberal. Lo más parecido a ello fue Carlos Saúl Menem, que incluso fue un candidato del PJ que vino a estabilizar aquella situación inflacionaria absolutamente descontrolada de fines de los ‘80. O sea, ni siquiera está claro que Menem haya sido intencionalmente seudoliberal, sino que pudo haber sido coyunturalmente liberal dado que no quedaba otra. Para detener la gangrena hiperinflacionaria había que cortar. No había otra opción, realmente.

De hecho, una cuestión que apoya esta hipótesis es que la Constitución vigente, promulgada a mediados de los ‘90 por este supuesto cúmulo de liberales, introdujo cambios sustantivos en dirección opuesta a la Constitución de 1853, un documento que sí fue concebido en torno a ideales liberales. Uno de esos cambios fue el famosísimo Artículo 14 bis; un artículo “paternalistamente” socialista, algo de lo que el público peronista estaría orgulloso. O sea, en las antípodas del liberalismo.

Otro punto no menor fue el tema de manejo monetario y fiscal. Si bien la estrategia de atarle las manos al Banco Central fue una jugada muy exitosa para bajar la inflación, lo cierto es que, una vez superada la fase de “estabilización”, esta arbitrariedad centralista en el plano monetario-cambiario no resultó más que un intervencionismo destructivo a largo plazo.

¿Cómo es esto? Además del problemón del déficit fiscal debido a que los gastos crecieron muy por encima de los ingresos durante los ‘90 (algo bastante poco liberal), otro hecho que agudizó los problemas fue la rígida paridad cambiaria. La falta de liberalización del mercado de cambios dejó sin amortiguadores a la economía local, que recibió con el rostro descubierto todos los golpes internacionales (Crisis del Tequila, Crisis Asiática, Crisis Rusa, Crisis del Real… todas en orden).

Es importante entender que una flotación cambiaria sana es un amortiguador que tiene los países para enfrentar, de manera natural, los shocks externos.

Por ejemplo, cuando caen fuertemente los precios de los commodities, el ingreso de los países exportadores de productos primarios tiene que caer, así como cae el ingreso de un carpintero si los trabajos en madera se reducen o se vuelven más baratos. La manera en la que ocurre, en una economía sana, es vía depreciación natural. La moneda de dicho país se deprecia, caen los salarios en moneda dura de dicho país (esto no implica necesariamente caída de salarios reales en moneda local), y el equilibrio se restaura. Si no me creés, podés repasar el derrotero de monedas como el Peso Chileno o el Colombiano durante los últimos 15 años.

Ese amortiguador no tuvo lugar porque el rígido intervencionismo monetario-cambiario del supuesto liberal que lideró a Argentina en los ‘90 no lo permitió.

4) El tiempo sigue pasando y seguimos gravitando en torno a las mismas ideas

Desde que escribí la primera versión de esta nota a mediados de 2019, no paró de acumularse evidencia que robustece aún más la tesis principal de este artículo: ya no somos Argentina, somos Peronia.

Concretamente, a finales de 2019 Alberto Fernández -un candidato del seno peronista- se hizo del cetro presidencial. Desde entonces, se ha profundizado la dirección de las políticas económicas. Esto queda absolutamente en evidencia con políticas como el recrudecimiento del cepo cambiario en su versión hardcore, el default, quita y reestructuración de la deuda argentina (un esquema ponzi), los controles de precios, el atraso cambiario y tarifario y el sinfín de medidas ad-hoc, como el cepo a la carne.

Es llamativo que, a pesar de que el país no crece desde hace 10 años, el pueblo argentino ha decidido votar a un gobierno que, junto con el macrismo, ha sido parte de dicha tragedia macroeconómica. Es que el ciudadano promedio votó al peronismo como alternativa al fracaso macrista, pensando que eso iba a resucitar a la actividad económica, pero olvidó que durante todo el 2do mandato de Cristina Kirchner, la economía no creció. Esto, junto con la pobre pésima performance económica actual deja muy claro que el peronismo del siglo XXI no sabe como generar crecimiento económico. A lo sumo, sabe aprovechar un viento a favor luego de licuaciones bestiales, devenidas de crisis anteriores. Y eso es lo que ocurrió nuevamente.

Cabe mencionar que, obviamente, la crisis del COVID no ha ayudado, pero más allá de eso, los antídotos para contrarrestar semejante bajón macroeconómico han sido los mismos de siempre. Una receta para el desastre. Hemos intentado batallar el adverso contexto económico mundial peronizándonos aún más. Y los resultados están a la vista. Luego de Venezuela, somos el peor país del Cono Sur en términos de performance macroeconómica.

Conclusiones

Como hemos visto, el tema es muy amplio, y bastante subjetivo. Creo amerita un ensayo más que una columna, pero eso no implica que esta nota no alcance para dejar claro que hay fuertes argumentos para avalar la hipótesis.

En otras palabras, que Peronia es un término bien utilizado, dado que, en líneas generales, el mindset colectivista es un denominador común transversal a todos los dirigentes que tomaron el mando en las últimas décadas.

Dado eso, al menos espero haya quedado un poco más claro por qué es que disfruto utilizar este término distópico.

Es mi manera de provocar al lector y, de alguna forma sutil y hasta retorcida, invitarlo a reflexionar al respecto.

Espero haberlo hecho.

Hasta la próxima.

Nota publicada originalmente en Inversor Global (2019)