Ómicron, ¿el final de la pandemia?

Fearmongering: Ómicron viene por nosotros


Allá por diciembre de 2021— hace poco más de un mes— los epidemiólogos acaparaban las pantallas vaticinando la inminencia de una ola devastadora de infecciones severas y muertes por la propagación de la variante Ómicron. Según estos expertos, el planeta se aproximaba a un nuevo confinamiento general, que llegaría inexorablemente con el año nuevo 2022. Sin embargo, con el correr de los días de enero, las estridencias se fueron atenuando.

Gradualmente aparecieron nuevos temas de debate, el endurecimiento de la pauta monetaria de la Fed, la posible invasión rusa sobre Ucrania, y —a nivel local— los datos sobre plazas turísticas colmadas, las negociaciones con el FMI, y la inseguridad consuetudinaria. Pero la avalancha arrolladora de internaciones y decesos por COVID-19 no se materializó.

Hoy, los datos del Reino Unido —uno de los primeros países europeos en sentir el impacto de Ómicron— parecen indicar que lo peor de esta variante ya está entre nosotros, y que no cabe temer mucho más. Veamos por qué el paso de esta ola gigantesca puede señalar el final de la pandemia.

Indice de Contenidos
  • Fearmongering: Ómicron viene por nosotros
  • Transmisibilidad extraordinaria de la variante Ómicron
  • Casos de COVID-19 en máximos absolutos
  • La tasa de positividad también fue récord
  • Muertes e internaciones por COVID-19 lejos de sus mayores marcas
  • No cabe temer mucho más
  • Repensando nuestra relación con el COVID-19
    • Decisiones drásticas ante una amenaza real pero desconocida
    • Se temía una mortandad masiva
    • Letalidad efectiva muchísimo menor de la que se estimaba
    • Mortalidad total más de 20 veces menor a la esperada
    • Caída abrupta de la letalidad durante la ola Ómicron
  • COVID-19, una enfermedad manejable

Transmisibilidad extraordinaria de la variante Ómicron


Algo en lo que —innegablemente— acertaron los pronósticos epidemiológicos fue en la velocidad con la que Ómicron avanzó. La extraordinaria transmisibilidad de la nueva cepa quedó demostrada por la forma en la que desplazó a las variantes anteriores. Las secuenciaciones genómicas indican que en la segunda mitad de noviembre de 2021 la nueva variante no llegaba a representar el 1% de las nuevas infecciones, tomando en cuenta los registros de las Islas Británicas, Italia y Argentina. Menos de dos meses después, en las muestras de mediados de enero 2022, Ómicron representaba la práctica totalidad de los contagios en los tres países referidos.

Participación porcentual de la cepa Ómicron en las secuencias de SARS-CoV-2: Reino Unido, Italia y Argentina
Casos de COVID-19 en máximos absolutos


La alta transmisibilidad intrínseca de la variante Ómicron se conjugó con registros de movilidad de las personas que, en la mayoría de los territorios, fueron los más altos de los últimos dos años. Oscilando muy próximos a los niveles de la pre-pandemia. Después de Navidad y Año Nuevo los casos confirmados treparon a valores inéditos. Transmisibilidad alta, movimiento de personas elevado, y fiestas de fin de año, configuraron la tormenta perfecta. A nivel mundial, el pico de nuevas infecciones se alcanzó el 24 de enero de 2022, con 436 nuevos casos diarios por millón de habitantes. ¡Un número 4 veces superior al récord anterior!

Los tres países antes mencionados —Reino Unido, Italia y Argentina— tuvieron nuevos máximos absolutos de casos confirmados. En Gran Bretaña el nuevo récord llegó el 5 de enero de 2022, con una media de 2,681 nuevos infectados por millón de habitantes en la semana previa, 3 veces más que en la mayor marca previa, que databa de enero de 2021. La República Italiana y la Argentina tocaron nuevos valores extremos entre el 14 y el 21 de enero. En la península itálica, el 14 de enero se alcanzó la cota de 3,012 casos confirmados por millón de habitantes, el quíntuple que en el máximo anterior, registrado en noviembre de 2020. Argentina, el 17 de enero, informó 2,500 infectados diarios por millón de habitantes. Más del triple que los infectados diarios reportados en el pico de mayo de 2021. Desde esas fechas, el número de casos diarios está en descenso en los tres territorios enumerados.

Nuevos casos confirmados de COVID-19: Reino Unido, Italia, Argentina y total mundial (2020-2022)
La tasa de positividad también fue récord


Pero es posible que la cantidad real de infecciones haya sido bastante mayor a la que se informó oficialmente. La clave está en la tasa de positividad de las pruebas realizadas. En los 3 territorios analizados la tasa de positividad de los tests efectuados superó ampliamente el 5% máximo recomendado por la OMS, por lo que es muy probable que el número efectivo de infecciones haya sido mayor. En las Islas Británicas se llegó al 11% de positividad el 4 de enero de 2022, Italia tocó 17% el 11 de enero, finalmente, Argentina registró un 69% de positividad el 20 de enero. Ese último es un porcentaje ridículamente alto, testimonio de un desborde completo del sistema de vigilancia epidemiológica.

De manera que, no solo el número de infecciones reportadas en enero de 2022 constituye el mayor registro desde la declaración de la pandemia, sino que las tasas de positividad de los tests llevan a sospechar que la cuantía efectiva de casos de COVID-19 sea un múltiplo considerable de los números oficiales. En conclusión —al menos en términos de casos— estamos ante la ola de COVID-19 más enorme que haya barrido el planeta.

Es incluso probable que la mayoría absoluta de la población de estos países haya sido expuesta a Ómicron. Quizás solo eso explique el desplome observado en el número de nuevos casos en ausencia de medidas de restricción de la circulación de las personas. La nueva cepa —simplemente— se estaría quedando sin combustible de individuos susceptibles.

Tasa de positividad de los tests de COVID-19: Reino Unido, Italia, Argentina (octubre 2021 – enero 2022)
Muertes e internaciones por COVID-19 —afortunadamente— lejos de sus mayores marcas


A contrario sensu de lo que podría suponerse, en enero de 2022 las internaciones y muertes atribuídas al COVID-19 se incrementaron, sí, pero permaneciendo en números inferiores a los máximos históricos. Y bien lejos de saturar el sistema de salud. A nivel mundial, los decesos diarios por infección de SARS-CoV-2 están en alza, y el 28 de enero de 2022 alcanzaron 1.14 por millón de habitantes, aún por debajo del récord de 1.87 tocado un año atrás, el 26 de enero de 2021.

Haciendo zoom in sobre Reino Unido, Italia y Argentina, el contraste entre casos confirmados y muertes registradas es aún más contundente. El Gran Bretaña hizo un máximo local de 4.0 muertes por millón de habitantes el 18 de enero. Desde entonces, el número de muertes descendio hasta 3.15 en los primeros días de febrero. Esos 4.0 fallecidos por millón de habitantes supusieron poco más del 20%, solo un quinto, de los 18.3 decesos por millón de habitantes informados en el gobierno británico el 23 de enero de 2021. En la península itálica las muertes por COVID-19 se estabilizaron en torno a los 6.2 fallecidos diarios por millón de habitantes. Este valor no llega a la mitad de los 13.5 fallecidos por millón de habitantes reportados el 2 de abril de 2020.

Nuevas muertes por COVID-19 confirmadas: Reino Unido, Italia, Argentina y total mundial (2020-2022)

En Argentina, la curva de decesos describe una parábola similar a la de las Islas Británicas. El 31 de enero de 2022 se alcanzó un extremo local de 5.7 fallecidos por millón de habitantes, lo que —también en nuestro país— no llega a la mitad del máximo registro histórico, 13.2 muertos por millón de habitantes informados el 11 de junio de 2021.

Nuevas muertes por COVID-19 confirmadas: Reino Unido, Italia, Argentina y total mundial (zoom in diciembre de 2020 y febrero 2022)
No cabe temer mucho más


Pero vayamos a lo que viene. En los tres territorios analizados —Reino Unido, Italia y Argentina— el número de casos diarios está en franca caída, y las muertes diarias descienden lentamente. Un patrón similar cabe esperar en los demás países en los que la nueva variante adquirió amplia circulación: escalada y pico récord de casos, aproximadamente dos semanas después pico de muertes, y luego baja continua de ambos indicadores epidemiológicos. Lo peor de esta variante ya está entre nosotros, y no cabe temer mucho más.

Nuevos casos confirmados de COVID-19: Reino Unido, Italia, Argentina y total mundial (zoom in diciembre 2020 – enero 2022)
Repensando nuestra relación con el COVID-19


Es momento de que —como sociedad— repensemos nuestra relación con esta traumática epidemia que nos tocó enfrentar. No es este humilde y mediocre analista el que hace este llamado. Es la evidencia empírica, son los datos, los que nos instan a hacerlo.

Decisiones drásticas ante una amenaza real y de magnitud desconocida


Cuando en los primeros meses de 2020 distintas sociedades enfrentaron la amenaza de este nuevo virus, el SARS-CoV-2, entonces por completo desconocido, se tomaron medidas extremas. Pero esas políticas de excepción, más allá de si ex post resultaron efectivas o no, injustas o no, abusivas o no, se adoptaron ante la inminencia de un peligro potencialmente enorme y difícil de cuantificar.

Inicialmente, lo que se sabía era que enero de 2020 un nuevo virus había emergido en China y que al cabo de unas pocas semanas de reportes esporádicos la epidemia había hecho colapsar el sistema de salud de Wuhan, una pujante ciudad china de 12 millones de habitantes. Llevando a terapia intensiva —y a la muerte— a varios de los médicos que atendieron a los primeros contagiados. El peligro era real.

El Dr Li Wenliang, de 33 años, en UTI, luego de contraer COVID-19. Fue una de las primeras víctimas del Coronavirus.

Ya sobre fines de febrero de 2020, el virus, que había sorteado el cerrojo extraordinario que el gobierno chino colocó sobre Wuhan, llegó a la ciudad italiana de Milán. Semanas antes ya estaba haciendo estragos en Irán. Siguiendo la nueva ruta de la seda el Coronavirus había arribado a Europa. En menos de un mes, los sistemas sanitarios europeos se saturaron, en Italia, en Francia, en España. En Madrid, una pista de patinaje sobre hielo se usó como morgue de emergencia.

Muchos gobiernos que se mostraron inicialmente remisos al establecimiento de restricciones —principalmente por el impacto económico (y electoral) de esas medidas— fueron forzados a hacerlo por las circunstancias, por la incertidumbre respecto de la magnitud de la nueva amenaza. Eso le pasó al gobierno socialista en España, pero también atravesó el mismo trance la administración republicana de Trump en Estados Unidos.

Se temía una mortandad masiva: millones de muertos en cada país


En los distintos países, nadie sabía con exactitud qué proporción de la población estaba ya infectada sin saberlo, cuál era el período de incubación del virus, ni cuál sería la proporción de esos infectados que desarrollarían un cuadro severo, morirían, o quedarían con secuelas de por vida. El Coronavirus se presentaba como un peligro formidable y difícil de cuantificar.

El 3 de marzo de 2020, el Director General de la Organización Mundial de la Salud informó en conferencia de prensa que “a nivel global, el 3.4% de los casos reportados de COVID-19 tuvieron desenlace fatal”. Una proyección lineal de esos números llevaba a concluir que en cuestión de meses —si solo la mitad de la población mundial contraía la enfermedad— se acumularían más de 130 millones de muertos. Era una nueva gripe española. En Estados Unidos morirían 5.6 millones de personas, en Alemania 1.4 millones, y en Argentina 0.8 millones.

Pacientes COVID-19 yacen en el suelo de las guardias ante el desborde del sistema sanitario en España.
La letalidad efectiva fue 10, 20 o 30 veces menor de la que se estimaba

Sabemos mucho más acerca del Coronavirus que hace 2 años. Sabemos que las estimaciones iniciales —que daban cuenta de una letalidad superior al 3%— estaban muy sesgadas hacia arriba por las limitaciones en la estructura de testeo. A principios de 2020, únicamente se secuenciaban muestras de pacientes con cuadros severos, o contactos estrechos de aquellos. Mientras que la mayor parte de las infecciones leves o asintomáticas de la primera ola nunca se registraron oficialmente.

Como la cantidad efectiva de infecciones fue 10, 20 o 30 veces superior a la reportada, la letalidad efectiva de la infección por SARS-CoV-2, entre 0.1% y 0.3%, fue sensiblemente menor a la inicialmente estimada. Este es un dato de primera magnitud: la letalidad de la primera ola de Coronavirus resultó 10 o 20 veces menor a la reportada por la OMS. Además se descargó preponderantemente —por cruel que sea decirlo— sobre grupos demográficos que hasta entonces eran vulnerables a infecciones virales similares, como por ejemplo la gripe.

La mortalidad total fue más de 20 veces menor a la esperada

Transcurridos dos años de pandemia, 3, 4, o 5 olas han barrido la mayoría de los países, incluyendo diversas mutaciones —cepa británica, amazónica, andina, india (delta), sudafricana (ómicron). La estadística global nos señala que, en total, se registraron 5.7 millones de defunciones atribuidas al COVID-19. Contrastemos ese guarismo contra los 130 millones de muertos que se esperaban en los primeros meses. Los decesos resultaron, al menos, 20 veces inferiores a lo proyectado.

Caída abrupta de la letalidad durante la ola Ómicron


La cepa Ómicron se propagó por el mundo a una velocidad inédita, desplazando a las otras variantes por su mayor transmisibilidad. Los casos registrados alcanzaron valores varias veces superiores a los máximos anteriores. La tasa de positividad de los testeos nos indica que es muy probable que las infecciones efectivas sean aún más excepcionales de lo que sugieren los datos oficiales. Aún así la mortalidad permaneció lejos de las marcas extremas previas. Esto implica una consecuencia directa: la tasa de letalidad (registrada) —que hasta noviembre oscilaba entre 2.5% y 1.5%— colapsó.

En enero de 2022 la letalidad registrada a nivel mundial se colocó en un entorno de 0.3%, y en los países en los que Ómicron ya tiene prevalencia absoluta es incluso menor. Y este desarrollo tiene, nuevamente, implicancias para el abordaje del Coronavirus. ¿Por qué? Porque si la mortalidad inicialmente fue 10, 20, o 30 veces menor a la esperada, la variante Ómicron nos muestra una caída a valores quizás cien veces inferiores a los de las estimaciones originales.

Tasa de letalidad de la COVID-19: total mundial (2020 – 2022)

COVID-19, una enfermedad manejable

Si la mortalidad total por COVID-19 fue, en los hechos, 20 a 40 veces menor a la prevista. Si la letalidad observada fue 10, 20, o 30 veces menor a la estimada, ya en la primera ola. Y si hoy —sea por la inmunidad adquirida por sucesivas exposiciones al patógeno, por las exitosas campañas de vacunación masiva, o por mutaciones espontáneas del virus— la letalidad es 100 veces menor que la calculada en las primeras semanas. Si este cúmulo de factores nos señalan que el riesgo es manejable, que la amenaza ya no es existencial, tenemos que modificar nuestras actitudes frente a esta enfermedad.

Si los hechos cambian, nuestras opiniones y actitudes debieran también cambiar.

Dinamarca fue uno de los primeros países en declarar oficialmente el fin de la pandemia.