Centralización Vs Descentralización: La Guerra Fría del Siglo XXI

Estamos en medio de una guerra entre la centralización y la descentralización.

El avance tecnológico —particularmente de la última década— ha significado una baja considerable en lo que tiene que ver con los costos implicados en la descentralización de transacciones. Con descentralización nos referimos a la quita de intermediarios en transacciones de todo tipo, desde la compra-venta de bienes y servicios, hasta incluso la coordinación contractual entre partes. Blockchain y los smart contracts en general han abierto un mundo de posibilidades en este aspecto, algo que todavía está en etapa embrionaria y está destinado a cambiar la manera en la cual intercambiamos bienes e información.

El asunto es que la descentralización, por definición, implica un debilitamiento de los gobiernos centrales y de grupos de poder dominantes en los mercados tradicionales. Pone en jaque al statu quo. A las corporaciones. Es que, al abaratar y mejorar la seguridad en lo referido a coordinación de partes, el rol de los intermediarios o árbitros de la sociedad pasa a ser incrementalmente trivial. Y los estados modernos y las grandes corporaciones no son mas que eso: meros intermediarios. Actores que son solo “necesarios” porque todavía no encontramos maneras mejores y más eficientes para coordinarnos como sociedad. Pero eso está cambiando.

El cuasi-inevitable avance de la descentralización es claramente algo positivo a largo plazo, ya que la baja en los costos para coordinarnos como agentes en una economía es algo que nos hace más ricos a todos. Es una baja de costos transversal a toda la economía mundial. De hecho, las revoluciones industriales no fueron más que eso: grandes saltos tecnológicos que abarataron las producción de bienes y servicios de manera significativa, de manera holística.

Queda claro que todo gran salto tecnológico “creador” implica también “destrucción” en otro lado. Lo que comúnmente en la literatura se llama “destrucción schumpeteriana”, haciendo referencia al teórico austríaco. En este caso, con blockchain y los smart contracts los damnificados son muy claros: los gobiernos centrales y las industrias que no sepan adaptarse a este nuevo mundo (particularmente la industria financiera → la banca tradicional).

El asunto es que esto ya es extraordinariamente obvio para casi todos. El incremento en la penetración de las criptomonedas y de las finanzas descentralizadas ya es tan relevante que no puede ser ignorado. Por ejemplo, la capitalización total de las criptomonedas es de casi USD 2 trillones, una cifra similar a la de Google. Y eso que esta hoy resulta un 40% inferior a los USD 3 trillones alcanzados a finales de 2021. Una marca que claramente será superada más temprano que tarde.

De esta forma, cualquiera con un conocimiento básico puede inferir que los bancos centrales del globo, e incluso las instituciones financieras tradicionales están seriamente amenazadas. A mediano/largo plazo, de hecho —de mantenerse la tendencia— posiblemente ambos actores queden parcial o totalmente obsoletos. Y las que no, será porque se habrán adaptado de manera vertiginosa a las posibilidades tecnológicas, alterando drásticamente su rol actual. Dado esto, y sin entrar en mayores detalles, el punto es que los gobiernos centrales van a tender a incrementar los controles sobre este pujante ecosistema que amenaza el statu quo.. De nuevo, hay una batalla entre la centralización (statu quo) y la descentralización (futuro). Entonces, los controles/regulaciones/impuestos tienen como objetivo, además de recaudar y así incrementar el poder estatal en términos financieros, el de ralentizar y limitar el avance de todo esto en la mayor medida posible.

Es importante no perder de vista que esta iniciativa está impulsada por burócratas que no tienen incentivo alguno a resignar poder central. Dado este set de incentivos, resulta evidente que los intentos de atacar la descentralización (avance cripto, DeFi, etc) serán mayores a medida que se vea mas expuesto el modelo de centralización. Por “expuesto” me refiero a que queden más al desnudo las falencias estructurales. Por ejemplo, la inflación es una de ellas. Los gobiernos centrales, como posiblemente sepas, al reservarse el derecho de administrar la emisión de las monedas de curso legal, tienen el poder discrecional de cobrar un impuesto inflacionario sobre las tenencias de dichos activos. Eso se ha traducido en un sinfín de dolorosos casos inflacionarios que siguen hasta hoy, incluyendo el de nuestro país, Venezuela, y en menor medida, el de USA.

De hecho, no es casualidad que estemos iniciando una 2da ola regulatoria en lo referido a criptomonedas y activos digitales en general, mucho más agresiva que la anterior. Con USA y Europa en el epicentro, a punto de introducir un agresivo combo de medidas para taxar y limitar la penetración de estos activos. Es que los desmanejos de la pandemia devinieron en históricos paquetes fiscales y monetarios, que se tradujeron en una mayor inflación global, creando una “burbuja de todo”. Todos los activos de la economía se han revalorizado frente a la decadencia de las monedas de curso legal, sobremanera. Sobre todo los commodities y bienes raíces. Toda esta situación ha dejado más al desnudo que nunca la obsolescencia acelerada de las monedas fiat como instrumentos para coordinarnos en nuestro día a día, ya sea utilizándolas como medio de cambio y/o como reserva de valor.

En resumen, los últimos 2 años han expuesto aún más las deficiencias estructurales por las cuales Satoshi Nakamoto creó Bitcoin en primer lugar.

El tiempo le está dando la derecha al héroe anónimo de las finanzas mundiales.

El futuro inmediato y las posibles acciones para “proteger al ecosistema” de los ataques gubernamentales

Más allá del corto plazo y las posibles consecuencias de esta 2da ola regulatoria, tenemos que tener muy claro que la cantidad y profundidad de los controles, regulaciones e impuestos será proporcional a la penetración de las criptomonedas y el ecosistema en general. Cuanto más mainstream sea, más de todo lo anterior vamos a tener. De hecho, si bien ya resultan explícitos los ataques al ecosistema, creo que todavía queda bastante upside para la virulencia de los gobiernos centrales para los activos digitales.

Adicionalmente, tenemos que tener presente que resulta difícil y/o imposible para los gobiernos centrales atacar protocolos o sistemas descentralizados en general. A la hora de atacar con regulaciones e impuestos, claramente irán siempre por las partes centralizadas del ecosistema. De alguna manera, “las partes expuestas” y/o débiles, fácilmente controlables.

Hoy día, posiblemente los “eslabones débiles” donde resulta más fácil regular son los exchanges centralizados, como Binance y/o Coinbase. Son plataformas que manejan volúmenes extraordinarios (una masa imponible significativa) en un solo lugar. O sea, teniendo un solo punto de control, los gobiernos pueden atacar al ecosistema con “golpes duros” de manera efectiva.

Por este motivo es que es absolutamente crucial que se acelere la adopción y la mejora de los exchanges descentralizados. El motivo: lógicamente, para “blindar” al ecosistema de avances gubernamentales (poder central) debemos descentralizarlo lo más posible. Al menos, evitar que haya grandes cantidades de activos digitales en plataformas centralizadas. Eso resulta análogo a dejar países en el TEG con pocas fichas actuando de defensa. Con seguridad serán atacados por ser blancos fáciles.

T.E.G.: La batalla continúa - Vida y Estilo Magazine

Con todo, no cabe duda de que estamos en medio de una batalla dinámica entre la centralización y la descentralización, que se extenderá -posiblemente- por décadas. Algo que considero como “La Guerra Fría del Siglo XXI” por ser algo global, no tan explícito como una guerra tradicional, pero con una puja clara entre dos fuerzas con una agenda económica con una lógica diametralmente opuesta.

Dada la dinámica, creo que al igual que con La Guerra Fría del Siglo XX, al final del día casi con seguridad la libertad (en aquel entonces USA, o la parte más descentralizada) terminará ganando. Pero hay varias preguntas al respecto. 1) ¿Podemos acelerar el triunfo? Porque es posible que en dicha batalla el poder central gane mucho terreno por mucho tiempo. Incluso triunfando la descentralización, ese proceso podría tomar décadas. Y 2) ¿Podemos incrementar las chances de que esto ocurra? Si bien la descentralización tiene las de ganar, no hay que subestimar el poder y virulencia de los ataques de los gobiernos centrales, en particular del PCC (Partido Comunista Chino). Estamos en un momento histórico inédito. Nunca antes en la historia de la humanidad estuvimos en una situación similar en lo referido a las posibilidades técnicas de la descentralización. Esto es terreno desconocido, lo que implica que debemos ser cuidadosos al intentar razonar por analogía.

Más allá de eso, en el corto plazo el camino de la batalla contra la centralización es por acá. El de la descentralización de los exchanges hoy centralizados. Buena parte de nuestra libertad económica —y hasta civil— depende de ello.

J.